no me miras

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De regreso, no me puedes ver, no me ves, porque por fin me di cuenta.

Volví un día con un sol radiante, las ventanas iluminadas al igual que el pavimento que pisas con prisa, con preocupación de no llegar tarde a tu clase de jazz, es mejor que corras.

Hoy después de tanto tiempo, me di cuenta de esos otros ojos que te siguen, ya te aman, te idealizan de una forma sorprendente, pero ¡que bella escena! Qué envidia, me hundo, hasta el fondo, hasta donde nadie me pueda ver, hasta donde no me puedas ver.

Creo que fue una mala decisión venir, pero no pude evitar el ver tus manos sobre su piel mientras viajan en un halo de luz, y sienten que no pueden más, que sus cuerpos se deshacen mientras sus labios se comunican sin emitir palabra alguna y yo me hago parte del piso, cuando el frio se infiltra de nuevo en mis venas vacías.

Soy parte de la lluvia, te espero aquí, cuando finalmente llegas y me pasas de largo, hoy te ves tan feliz, tan lleno de música, tu ser se desborda y no lo puedo tocar por que se resbala por mis dedos torpes, me pierdo con cada gota, con cada suspiro que das, no soy más que un pedazo de lluvia.

¡Mírala! Acábate su imagen con los ojos, no es necesario hablar, no quiero estar aquí junto a ti, contemplando tus ojos en su mirada inocente y enamorada, no quiero ser testigo de ese lazo invisible que han creado, que es indestructible, lo descubrí, lo supe, cuando quise robarme ese sentimiento, nunca lo logré, nunca lo pude adaptar a mí.

Me acabo al mundo con un solo respiro, miento, el mundo me acaba a mí, un poco más cada vez, me hace pequeña y casi puedo dormir en tu mano, tu mano que está ocupada descubriendo su rostro delicado, su color tan vivaz contrastante con tus sabanas, con la pared color pradera. Contrastando con esta maldita manía de observarte.

Estas ahí, ese rostro que deseo palpar, esos labios distantes creando el espacio frente a ti, y tu no me miras, no me miras. ¡Mírame! Mírame como lo haces con ella, arráncame los labios, haz que mi piel se vuelva tu refugio como lo es su cuerpo para ti, hazme existir tan solo un instante.

De regreso, no me puedes ver, no me ves, porque por fin me di cuenta de lo que soy ahora, el impacto fue tan grande que llegue al otro lado, no me ves porque ya no existo.

Simplemente mírame, un solo momento, deja que mis ojos se llenen de ti.

Tú, no me miras.

Música de fondo: Perfect circle – 3libras

la piedra con aroma a lluvia

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La casa era de un piso, tal vez por eso era un poco más cálida en invierno, mientras que la casa de mis padres siempre había sido de dos plantas, ya me había acostumbrado a subir y bajar escaleras. Pero esta casa era diferente, era la que un día vi en un sueño, pude ver hasta las cortinas y por supuesto, el gran árbol que estaría en el jardín, todo lo vi en un sueño.

La piedra con aroma a lluvia. La piedra que choca contra el mar y se hunde, se hunde. La piedra.


Cuando puedes escuchar el mar de noche, puedes escuchar su voz, la voz del mar, sus anhelos y sus pérdidas. Cuando logras escucharlo, puedes dormir tranquilo, puedes creer que no estamos solos y puedes seguir dormido.


Hoy era uno de esos días en los que me costaba concentrarme, tantas cosas por hacer, tanto ruido, tanta luz. Migraña.


No me di cuenta cuando abriste la puerta, me miraste desde arriba, me preguntaste ¿Qué te pasa, Susana? Me preguntaste eso, porque estaba sentada en el piso, a un costado de la cama con los brazos cubriéndome la cabeza, no respondí. Te sientas a mi lado y me levantas la cara hacia a ti, es como si por primera vez mirara tus ojos entre esos cabellos castaños, preocupados, y tu voz en un tono angustiado, cuando tratas de tomarme las manos, te das cuenta de la piedra rojiza que sostenía fuertemente en mi mano derecha y me miras de nuevo, esta vez asustado, mueves tus labios, preguntas cosas y me quitas la piedra, no respondo, no hago nada, hasta que subes el tono y me preguntas ¿Qué ibas a hacer con esta piedra?


-¡iba a golpearme! Eso iba a hacer.- le grito, mientras que el esfuerzo de mi voz trae consigo a un montón de lágrimas y finalmente, me abrazas.


Los días se iban vacios, se regaban en las macetas del jardín y en el jabón de los platos sucios. Hasta que desperté, corrí al baño, odio ese cuadro de cristal que me dice quien soy, me odio a mi misma por ser cobarde y no poder acabar con esto de una sola vez.


Mis ojos danzan a la media luz, buscan los objetos que podrán hacer más daño, no encuentro nada, y es cuando corrí al baño y encontré ese frasco de vidrio con pequeñas pastillitas rosa pastel, Ismael las tenia medicadas desde hace dos años, tiene problemas para dormir, y siempre había tenido un gran estrés por su trabajo, pero no quiero ponerme a hablar de Ismael, lo único que deseo es acabar con esto.


Te escondes entre la niebla azul que abrazan a las montañas, y tus piernas no funcionan más, caes en la tierra húmeda. Toca mi mano, dale calor. No te pierdas sin mí.


Ismael llegó temprano. El lavado de estomago, el hospital, las miradas interrogantes, las palabras que me obligan a explicar algo que me rehusaba a decir y ese cuadro tan deprimente, Ismael sentado en el sofá con la mirada perdida en la ventana del hospital, ese cuerpo pálido y vacio en el que me había convertido, ¡qué triste! Hasta ahora lo veo.


Todo cambio a partir de eso, Ismael no se despegaba de mi, dejo de ir al trabajo por un mes, sus ojos encima de mis acciones, como si estuvieran esperando algo, tal vez esperando a que tomara un cuchillo y lo pusiera sobre mí yugular o que enredara el cable de la televisión en mi cuello. Ni siquiera podía tomar un baño tranquilamente, Ismael me preguntaba cosas desde afuera, estupideces como ¿necesitas una toalla? ¿Aun hay jabón? ¿Qué quieres de cenar? ¿Está fría el agua? Así se aseguraba de que aun estuviera viva.


Una noche, mientras fumaba en el jardín e Ismael me vigilaba desde la sala, supe lo que tenía que hacer, la solución seguía siendo la misma.


Y así fue, contemplé por horas, hasta que el amanecer me llego a los ojos, el cuerpo de Ismael rodeado por ese charco rojo, charco rojo que se había provocado por el golpe de la piedra rojiza que impacté contra su cabeza. Sentí que la migraña disminuía, pero no era suficiente, aunque tardé en encontrar las malditas pastillas, finalmente, logre acabar con esto.


La piedra con aroma a lluvia. La piedra que choca contra el mar y se hunde, se hunde. La piedra.


Música de fondo: Fleet Foxes – Tiger Mountain peasant song

juan pablo

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Desenvuélvete como árbol que despierta. Ábreme tu alma, luego ábreme como a una ventana azul. No duermas, no hables, duerme en mi pecho, habla en mi boca.


recurrente

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Yo, corriendo tras de ti, corriendo contra el viento helado internándose en mis pulmones, corriendo con tu espalda como guía, corriendo con las manos congeladas, corriendo con el cielo gris como escenografía, corriendo y gritando, yo.
También, sentada en el suelo del pasillo vacio, frío pasillo vacio, lleno de puertas el frío pasillo vacio, siendo un punto oscuro de una nada, sin oxigeno, sin tus ojos vigilantes; sentada en el suelo del pasillo vacio, asfixiándome con tu bufanda, con tu invisibilidad; lleno de puertas el frío pasillo vacio.
Y hay gritos, hay silencios corrompidos y luces que pesan y recaen en mis parpados, nunca me acostumbre al dolor, tampoco a tu mano sobre mi espalda descubierta.
No se aun porque razón me gustaba que jugaras conmigo, me gustaba tu sonrisa cínica, tus múltiples facetas desconocidas y que me hicieras llorar por las noches.
Nunca deje de correr tras de ti, nunca deje de sentir esa brisa cortante en todo mi cuerpo, como hielos afilados haciéndome cosquillas, nunca me detuve, ni un solo momento; pero entre más corría, más lejano te veía.
Todo se hace un poco más rápido, más denso, más pesado, más espeso, pero sigue siendo más rápido. Tal vez, me vendría bien convertirme en un ligero sonido que se lo lleva el viento, sin duda, eso es lo que soy.
-así me demuestras que no me amas…- me dices sin saber que significan las palabras, y mi boca se cierra como una tumba y la cocina se vuelve un confesionario. Lo absoluto me envuelve y no veo tu fondo, tu nacimiento, lo que oculta el telón; pero ¿cómo? Si ni siquiera puedo ver el mío.
¿Cómo puedo llegar a ser lo que te mueva? Lo que te haga caer una y otra y otra vez, lo que te marque efusivamente la piel, lo que te robe la paciencia y la haga mil cachitos, lo que te haga gritarme mil veces en medio de mis silencios ¿Cómo puedo llegar a ser todo eso? Para que me mates, para que acabes conmigo de una vez y me des la eternidad en tu mente.
Hoy, yo puedo ser lo que tú quieras, lo que más anheles, lo que más desees, hoy lo puedo ser. Sólo acércate, mírame, háblame, explícame el mundo, dime que yo no soy más que un diminuto punto oscuro en esa nada que te mencione, dime lo que soy, luego dime lo que realmente soy; porque, hoy puedo ser lo que tú quieras.
-¿En dónde quedaste?- murmuro mientras mis manos se mueven pacientes y lavan los platos sucios de la cena. Tal vez, te quedaste perdido entre las horas que pasaron tan fugaces ante nosotros; tal vez yo me transforme en lo último que quería; tal vez, nos transformamos en lo último que queríamos ser.
Otra vez yo, pero esta vez con los puños vacios, con el alma abierta, con las piernas débiles, con la resonancia de tu voz en mis oídos, con mi ser desvaneciéndose. Tenue.
Después de que tu enojo recayó sobre mi y tus brazos me lanzaron hacia atrás, después de que mi cabeza sintió un fuerte golpe que luego de unos segundos fue desapareciendo suavemente, después de todo eso, te vi de espaldas, arrodillado ante mí, sollozando, murmurando cosas que no comprendía, con tus manos temblorosas recorriendo mi rostro.
No estaba haciendo nada, sólo estaba soñando que lo hacía.
Sueño. Ojala nos pudiéramos encontrar en un bosque con aroma a lluvia, ahí te diré que siempre te ame, que ya no tengo miedo, ahí te diré adiós.




Música de fondo: Thomas Newman – Revolutionary road

cambios

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Mañana...
Tendré 2 décadas de vida!



Picture by: JessJanice
Música de fondo: Canned Heat - going up the country

me acordé

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Me acordé de mis últimas vacaciones familiares, cuando saque la cabeza al viento con el auto en movimiento y de fondo a Rod Stewart y mi papá tarareando feliz, mi hermano con ansias de conocer al mar, mi madre dormida y yo llenándome los ojos de un verde espectacular. Me acordé que ese momento no se me va a olvidar jamas.
(:


Música de fondo: Rod Stewart – Young Turks

uno de esos días

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No, no grites que tu voz choca contra estas paredes tan blandas, se vuelven débiles cuando tus ojos caen al suelo y se acaban tus palabras, se crea un vacio y me duele, me duele, mi Jessica.

No te miro en vano, te miro con ansias y con una impaciencia, quisiera alargar las horas y hacer que caigas de nuevo entre estos brazos necesitados de ti, no desaparezcas por más de dos horas, aunque sé que los miércoles tienes clase, y también sé que es muy importante tu trabajo, igualmente sé que es lo que te apasiona, por eso me paso las tardes rondando por la casa, oyendo a mis propios pasos que se esconden en cada sagrado rincón, mis ojos se posan en la ventana, luego en el reloj, luego en las almohadas que permanecen tan perfectas sobre la cama, tan simétricas, de repente, ¡me arrebatan unas ganas tremendas! quiero desordenarlas, caer de repente y que tus manos aparezcan en mi cintura, pero luego, cambio la mirada hacía cualquier otro lugar y pienso en trivialidades, como en la ropa que sigue en la lavadora o en las cosas que hacen falta en la cocina.

No, no tardes, no me mientas, no inventes excusas, no me hables de dinero o del plomero que no dejo bien las tuberías del baño de la planta baja, no me digas que te duele la cabeza, no me cuentes la pelea de la oficina, ni siquiera me digas que te tienes que levantar temprano mañana, guárdate todo eso para después y solo ven, acércate y dame un beso, si, como esos de antes. No, no llegas, mi Jessica.

No es que ya no te ame, nunca pienses en esa posibilidad, tampoco son tus retrasos a cenas en ocasiones especiales, como en el séptimo aniversario, cuando lo olvidaste por completo, recuerdo que no sirvió el perfume nuevo que me puse, ni la sonrisa que te dirigí antes de irte al trabajo, me quede esperando, hasta que el sonido del teléfono me despertó de mi desesperación, eras tú, algún alumno te había pedido clases extras, lo habías olvidado por completo, no, ni una palabra.

Ausente, estas retraída en tus propios asuntos, te observo, preparas la cena y tus manos tan blancas y delgadas se mueven con gran agilidad mientras picas un poco de lechuga. Esta vez, te observaba, veía todo lo que eras, toda tú, tan bella, siempre tratando de hacer todo como debía de ser, siempre pensando en mil cosas a la vez, moviéndote de un lado a otro, sin percatarte de mi mirada de adolescente, nunca te diste cuenta de la sonrisa que tenía en el rostro, mucho menos de la emoción que de pronto sentí al ver cómo te llevabas esa copa de vino a la boca y tus labios se empapaban ligeramente de ese rojo deseable. No te diste cuenta, nunca te lo dije, nunca, mi Jessica.

No fue una decisión de un día para otro, de hecho, siempre había rondado por mi cabeza, siempre había existido esa vocecilla que me hacía pensar mil cosas, y más por tu frialdad, de seguro habrás conocido a una jovencita talentosa que toca el chelo, con ojos frescos y cabellos largos, con esa estúpida sonrisa en el rostro que insinúa un coqueteo y otras cosas más, tal vez no pasaron de unas cuantas miradas perdidas en los pasillos o de pláticas vacías después de clases, o tal vez si, tal vez después de terminar el ciclo escolar ya habías conocido hasta sus caries, y ella estaba tan feliz que planeabas decírmelo a finales de mes, un fin de semana, cuando estuviera tranquila, mientras fingía leer en el estudio, llegarías tú, yo notaría a primera vista tu nerviosismo y preguntaría en vano ¿Qué pasa, amor? Tú te sentarías frente a mí, me mirarías a los ojos, pero después bajarías la mirada con vergüenza, pensando tal vez que estarías cometiendo el error de ti vida, al dejar todo esto que habíamos creado hace unos años atrás por una loca y apasionada aventura con una joven chelista que apenas sabía lo que era enamorarse y aun más de su profesor. Y yo volvería a preguntarte, y tú me volverías a mirar con temor, me dirías exactamente: llevó más de seis meses viendo a una de mis alumnas… luego suspirarías y yo cerraría lentamente el libro que fingía leer. Después de eso, nada. Te vas, pero esta vez, para siempre.

De alguna manera, sentí una liberación al estar empacando mis cosas para iniciar una locura con una bella joven con ansias de vivir, y yo con deseos de poder “revivir”, me fui una mañana, ya era invierno, ni siquiera fui a la cocina dónde estabas tomando tu habitual taza de café con la mirada en el infinito, solo salí tan pronto como pude. Sin embargo, en ese preciso instante, recordé cuando había iniciado esta travesía junto a mi Jessica, cuando creamos este mundo con ventanas amplias y paredes llenas de fotografías, todo eso quedo atrás de esta puerta que acabo de cerrar.

Un pensamiento, una posibilidad se hospedó en mi mente una noche, tal vez no debí de pensar en eso, como alguna vez escuché que no se debe de pensar de noche, las ideas se vuelven más densas y todo es peor, y si, así pasó, me volví una paranoica que tenía miedo de esa imagen tan llena de color, de esa joven radiante y con toda una vida por delante, de esos grandes ojos inocentes, con ambiciones y sueños. No habíamos encontrado la oportunidad, ni el momento, no, lo dejamos pasar, no me preocupe, mi trabajo, su trabajo, todo parecía estar en su lugar ¿para qué crear una nueva responsabilidad? No le pondríamos la debida atención que se merece un hijo, o una hija, una Julieta como lo añorabas. Ahora creo que todas las respuestas caen encima de mi espalda, lacerando cada parte de mi mente, torturándome con esa idea, por eso te habías ido, ¡que ilusa fui! Necesitabas a alguien joven, necesitabas ser padre y esposo, ser amante y ser amado. Yo no te lo di, no.

Nos fuimos perdiendo de a poco, o tal vez, yo no tuve la suficiente paciencia para esperar a que tus ojos me miraran o que tus manos me desabrocharan la camisa, o que tal vez me sonrieras al despertar. Paula era todo un concentrado de vida, toda una explosión, hacía vacilar a mis sentidos, siempre era un constante vaivén, siempre estaba ahí, presente, mirándome, admirándome, escuchándome, mordiéndome los labios con un apasionamiento inigualable, siempre. Me sofocaba, me robaba el aire y me dejaba débil y sin ganas, cansado y pensativo. Ella absorbía mi energía y se la untaba en la piel, en la sonrisa insolente y en sus manos de artista.
Me dejaba vacio, cada vez, cada día.

No te mentiré, pensé en ti varias ocasiones, de hecho, todos los días, al momento justo de levantarme por las mañanas y ver ese espacio vacío, llamarte por accidente desde la cocina y sentirme tan pero tan estúpida, reírme sola y cambiar disimuladamente de pensamiento, escuchar el sonido del teléfono y tener la vaga esperanza de escuchar tu voz, oír el timbre de la puerta y esperar verte parado frente a mí con los ojos llenos de lagrimas mientras te abalanzas hacía a mí y me abrazas. Creo que lo mejor es dejar de pensar.

Insoportable, esa es la palabra, ¡Calla, Paula! No, no quiero saber las bromas entre tus amigos, ni la inauguración del nuevo club, ni la película en el cine, ni de tu incapacidad para sacar esa maldita pieza que ya me tiene loco, ¡día y noche! Empiezo a comparar, la comida, o mejor dicho, la ausencia de esta, el desorden, hasta la posición de las almohadas, todo.

Consejos idiotas, o idiotas que me daban consejos, no iba a empezar a salir, ni a hacer esas cosas patéticas de esposas dejadas, yo no era eso. Lo que paso fue que simplemente el que era mi esposo, cambio de parecer y se fue. Si, me sentía completamente sola, como nunca en toda mi vida, en fin, a cualquiera le puede pasar ¿o no?

Pienso en ir a buscarla.

Pienso en quedarme en la cama y no ir al trabajo.

Pienso cuando te conocí, esa imagen, esa visión.

Pienso que la casa está demasiado silenciosa, extraña tu música.

Pienso… pienso… pienso.

¿Te acuerdas cuando no necesitábamos más que el cuerpo del otro para ser felices? Cuando las horas eran como agua corriendo entre nuestras manos, cuando la lluvia, la noche y tus palabras eran las combinación perfecta. Todo eso era antes de llegara una vida llena de ideales pensados y añorados con anterioridad, cuando éramos jóvenes y creíamos que seriamos felices haciendo lo que nos apasiona, con todo esos adornos de la vida, un trabajo, una casa, una familia.

Esta tarde, hablé con Paula, después de que dejó de llorar y gritarme como maniática, tomé mis cosas y me fui, deambulé por un parque, ¿Qué ibas a pensar de mi? Lo más seguro, que era un estúpido, y estabas en todo tu derecho, era eso y más. No tenía cara para verte, ni para pedirte que comenzáramos de nuevo, ¡sí! Remodelemos la casa, pintemos paredes, hagamos un habitación para una Julieta o un Gabriel, vayamos a tomar fotografías como antes, viajemos, perdámonos entre las sábanas como solíamos hacerlo cuando teníamos la juventud encima, deja que mis manos se reencuentren con tu cuerpo, y vuelva a ser su templo, déjame llenarte de historias fantásticas y de esos planes que nos robaban el aliento… mi Jessica, mi Jessica.

Los objetos me observaban, me hacían más pequeña, más vulnerable, sabían lo que pensaba y me alentaban, me orillaban a hacerlo. Esas cortinas corridas, esa luz apagada, ese maldito silencio que me dejaba ensordecida, todo ¡todo! Se había convertido en la versión de algo que nunca imagine, en la otra versión oscura de mi vida, ya no era lo que había planeado ser, ya no era tiempo de reiniciar, de sonreír lánguidamente y decir que nada pasa, que estoy bien, ya no. Abre la llave, deja que salga el agua tibia y se llene la tina, deja los zapatos y tus ropas a un lado, acomodados, no quieres que encuentren un desorden, no quieres que vean los platos sucios, ni la cama mal hecha, interna tu cuerpo en el agua, toma esa navaja, ahora sí, ya sabes lo que tienes que hacer.

Llamé varias veces a la puerta, lo bueno es que encontré la copia bajo la maceta y abrí tan pronto como pude, la emoción me corría por las venas, no estabas en la cocina, subí corriendo las escaleras como un jovencito agitado y deseoso, la luz del baño estaba encendida, siempre tomas la ducha a esta hora, no me importa nada, entro al baño, y solo veo esa agua escarlata que resaltaba con el blanco puro de las paredes, tus ojos abiertos, fijos y sin vida. Agua escarlata hasta tu cuello, agua escarlata cubriendo tu cuerpo. Te vas, pero esta vez, para siempre.

Todo paso, en uno de esos días…


Música de fondo: Placebo - Holocaust