recurrente

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Yo, corriendo tras de ti, corriendo contra el viento helado internándose en mis pulmones, corriendo con tu espalda como guía, corriendo con las manos congeladas, corriendo con el cielo gris como escenografía, corriendo y gritando, yo.
También, sentada en el suelo del pasillo vacio, frío pasillo vacio, lleno de puertas el frío pasillo vacio, siendo un punto oscuro de una nada, sin oxigeno, sin tus ojos vigilantes; sentada en el suelo del pasillo vacio, asfixiándome con tu bufanda, con tu invisibilidad; lleno de puertas el frío pasillo vacio.
Y hay gritos, hay silencios corrompidos y luces que pesan y recaen en mis parpados, nunca me acostumbre al dolor, tampoco a tu mano sobre mi espalda descubierta.
No se aun porque razón me gustaba que jugaras conmigo, me gustaba tu sonrisa cínica, tus múltiples facetas desconocidas y que me hicieras llorar por las noches.
Nunca deje de correr tras de ti, nunca deje de sentir esa brisa cortante en todo mi cuerpo, como hielos afilados haciéndome cosquillas, nunca me detuve, ni un solo momento; pero entre más corría, más lejano te veía.
Todo se hace un poco más rápido, más denso, más pesado, más espeso, pero sigue siendo más rápido. Tal vez, me vendría bien convertirme en un ligero sonido que se lo lleva el viento, sin duda, eso es lo que soy.
-así me demuestras que no me amas…- me dices sin saber que significan las palabras, y mi boca se cierra como una tumba y la cocina se vuelve un confesionario. Lo absoluto me envuelve y no veo tu fondo, tu nacimiento, lo que oculta el telón; pero ¿cómo? Si ni siquiera puedo ver el mío.
¿Cómo puedo llegar a ser lo que te mueva? Lo que te haga caer una y otra y otra vez, lo que te marque efusivamente la piel, lo que te robe la paciencia y la haga mil cachitos, lo que te haga gritarme mil veces en medio de mis silencios ¿Cómo puedo llegar a ser todo eso? Para que me mates, para que acabes conmigo de una vez y me des la eternidad en tu mente.
Hoy, yo puedo ser lo que tú quieras, lo que más anheles, lo que más desees, hoy lo puedo ser. Sólo acércate, mírame, háblame, explícame el mundo, dime que yo no soy más que un diminuto punto oscuro en esa nada que te mencione, dime lo que soy, luego dime lo que realmente soy; porque, hoy puedo ser lo que tú quieras.
-¿En dónde quedaste?- murmuro mientras mis manos se mueven pacientes y lavan los platos sucios de la cena. Tal vez, te quedaste perdido entre las horas que pasaron tan fugaces ante nosotros; tal vez yo me transforme en lo último que quería; tal vez, nos transformamos en lo último que queríamos ser.
Otra vez yo, pero esta vez con los puños vacios, con el alma abierta, con las piernas débiles, con la resonancia de tu voz en mis oídos, con mi ser desvaneciéndose. Tenue.
Después de que tu enojo recayó sobre mi y tus brazos me lanzaron hacia atrás, después de que mi cabeza sintió un fuerte golpe que luego de unos segundos fue desapareciendo suavemente, después de todo eso, te vi de espaldas, arrodillado ante mí, sollozando, murmurando cosas que no comprendía, con tus manos temblorosas recorriendo mi rostro.
No estaba haciendo nada, sólo estaba soñando que lo hacía.
Sueño. Ojala nos pudiéramos encontrar en un bosque con aroma a lluvia, ahí te diré que siempre te ame, que ya no tengo miedo, ahí te diré adiós.




Música de fondo: Thomas Newman – Revolutionary road

cambios

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Mañana...
Tendré 2 décadas de vida!



Picture by: JessJanice
Música de fondo: Canned Heat - going up the country

me acordé

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Me acordé de mis últimas vacaciones familiares, cuando saque la cabeza al viento con el auto en movimiento y de fondo a Rod Stewart y mi papá tarareando feliz, mi hermano con ansias de conocer al mar, mi madre dormida y yo llenándome los ojos de un verde espectacular. Me acordé que ese momento no se me va a olvidar jamas.
(:


Música de fondo: Rod Stewart – Young Turks

uno de esos días

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No, no grites que tu voz choca contra estas paredes tan blandas, se vuelven débiles cuando tus ojos caen al suelo y se acaban tus palabras, se crea un vacio y me duele, me duele, mi Jessica.

No te miro en vano, te miro con ansias y con una impaciencia, quisiera alargar las horas y hacer que caigas de nuevo entre estos brazos necesitados de ti, no desaparezcas por más de dos horas, aunque sé que los miércoles tienes clase, y también sé que es muy importante tu trabajo, igualmente sé que es lo que te apasiona, por eso me paso las tardes rondando por la casa, oyendo a mis propios pasos que se esconden en cada sagrado rincón, mis ojos se posan en la ventana, luego en el reloj, luego en las almohadas que permanecen tan perfectas sobre la cama, tan simétricas, de repente, ¡me arrebatan unas ganas tremendas! quiero desordenarlas, caer de repente y que tus manos aparezcan en mi cintura, pero luego, cambio la mirada hacía cualquier otro lugar y pienso en trivialidades, como en la ropa que sigue en la lavadora o en las cosas que hacen falta en la cocina.

No, no tardes, no me mientas, no inventes excusas, no me hables de dinero o del plomero que no dejo bien las tuberías del baño de la planta baja, no me digas que te duele la cabeza, no me cuentes la pelea de la oficina, ni siquiera me digas que te tienes que levantar temprano mañana, guárdate todo eso para después y solo ven, acércate y dame un beso, si, como esos de antes. No, no llegas, mi Jessica.

No es que ya no te ame, nunca pienses en esa posibilidad, tampoco son tus retrasos a cenas en ocasiones especiales, como en el séptimo aniversario, cuando lo olvidaste por completo, recuerdo que no sirvió el perfume nuevo que me puse, ni la sonrisa que te dirigí antes de irte al trabajo, me quede esperando, hasta que el sonido del teléfono me despertó de mi desesperación, eras tú, algún alumno te había pedido clases extras, lo habías olvidado por completo, no, ni una palabra.

Ausente, estas retraída en tus propios asuntos, te observo, preparas la cena y tus manos tan blancas y delgadas se mueven con gran agilidad mientras picas un poco de lechuga. Esta vez, te observaba, veía todo lo que eras, toda tú, tan bella, siempre tratando de hacer todo como debía de ser, siempre pensando en mil cosas a la vez, moviéndote de un lado a otro, sin percatarte de mi mirada de adolescente, nunca te diste cuenta de la sonrisa que tenía en el rostro, mucho menos de la emoción que de pronto sentí al ver cómo te llevabas esa copa de vino a la boca y tus labios se empapaban ligeramente de ese rojo deseable. No te diste cuenta, nunca te lo dije, nunca, mi Jessica.

No fue una decisión de un día para otro, de hecho, siempre había rondado por mi cabeza, siempre había existido esa vocecilla que me hacía pensar mil cosas, y más por tu frialdad, de seguro habrás conocido a una jovencita talentosa que toca el chelo, con ojos frescos y cabellos largos, con esa estúpida sonrisa en el rostro que insinúa un coqueteo y otras cosas más, tal vez no pasaron de unas cuantas miradas perdidas en los pasillos o de pláticas vacías después de clases, o tal vez si, tal vez después de terminar el ciclo escolar ya habías conocido hasta sus caries, y ella estaba tan feliz que planeabas decírmelo a finales de mes, un fin de semana, cuando estuviera tranquila, mientras fingía leer en el estudio, llegarías tú, yo notaría a primera vista tu nerviosismo y preguntaría en vano ¿Qué pasa, amor? Tú te sentarías frente a mí, me mirarías a los ojos, pero después bajarías la mirada con vergüenza, pensando tal vez que estarías cometiendo el error de ti vida, al dejar todo esto que habíamos creado hace unos años atrás por una loca y apasionada aventura con una joven chelista que apenas sabía lo que era enamorarse y aun más de su profesor. Y yo volvería a preguntarte, y tú me volverías a mirar con temor, me dirías exactamente: llevó más de seis meses viendo a una de mis alumnas… luego suspirarías y yo cerraría lentamente el libro que fingía leer. Después de eso, nada. Te vas, pero esta vez, para siempre.

De alguna manera, sentí una liberación al estar empacando mis cosas para iniciar una locura con una bella joven con ansias de vivir, y yo con deseos de poder “revivir”, me fui una mañana, ya era invierno, ni siquiera fui a la cocina dónde estabas tomando tu habitual taza de café con la mirada en el infinito, solo salí tan pronto como pude. Sin embargo, en ese preciso instante, recordé cuando había iniciado esta travesía junto a mi Jessica, cuando creamos este mundo con ventanas amplias y paredes llenas de fotografías, todo eso quedo atrás de esta puerta que acabo de cerrar.

Un pensamiento, una posibilidad se hospedó en mi mente una noche, tal vez no debí de pensar en eso, como alguna vez escuché que no se debe de pensar de noche, las ideas se vuelven más densas y todo es peor, y si, así pasó, me volví una paranoica que tenía miedo de esa imagen tan llena de color, de esa joven radiante y con toda una vida por delante, de esos grandes ojos inocentes, con ambiciones y sueños. No habíamos encontrado la oportunidad, ni el momento, no, lo dejamos pasar, no me preocupe, mi trabajo, su trabajo, todo parecía estar en su lugar ¿para qué crear una nueva responsabilidad? No le pondríamos la debida atención que se merece un hijo, o una hija, una Julieta como lo añorabas. Ahora creo que todas las respuestas caen encima de mi espalda, lacerando cada parte de mi mente, torturándome con esa idea, por eso te habías ido, ¡que ilusa fui! Necesitabas a alguien joven, necesitabas ser padre y esposo, ser amante y ser amado. Yo no te lo di, no.

Nos fuimos perdiendo de a poco, o tal vez, yo no tuve la suficiente paciencia para esperar a que tus ojos me miraran o que tus manos me desabrocharan la camisa, o que tal vez me sonrieras al despertar. Paula era todo un concentrado de vida, toda una explosión, hacía vacilar a mis sentidos, siempre era un constante vaivén, siempre estaba ahí, presente, mirándome, admirándome, escuchándome, mordiéndome los labios con un apasionamiento inigualable, siempre. Me sofocaba, me robaba el aire y me dejaba débil y sin ganas, cansado y pensativo. Ella absorbía mi energía y se la untaba en la piel, en la sonrisa insolente y en sus manos de artista.
Me dejaba vacio, cada vez, cada día.

No te mentiré, pensé en ti varias ocasiones, de hecho, todos los días, al momento justo de levantarme por las mañanas y ver ese espacio vacío, llamarte por accidente desde la cocina y sentirme tan pero tan estúpida, reírme sola y cambiar disimuladamente de pensamiento, escuchar el sonido del teléfono y tener la vaga esperanza de escuchar tu voz, oír el timbre de la puerta y esperar verte parado frente a mí con los ojos llenos de lagrimas mientras te abalanzas hacía a mí y me abrazas. Creo que lo mejor es dejar de pensar.

Insoportable, esa es la palabra, ¡Calla, Paula! No, no quiero saber las bromas entre tus amigos, ni la inauguración del nuevo club, ni la película en el cine, ni de tu incapacidad para sacar esa maldita pieza que ya me tiene loco, ¡día y noche! Empiezo a comparar, la comida, o mejor dicho, la ausencia de esta, el desorden, hasta la posición de las almohadas, todo.

Consejos idiotas, o idiotas que me daban consejos, no iba a empezar a salir, ni a hacer esas cosas patéticas de esposas dejadas, yo no era eso. Lo que paso fue que simplemente el que era mi esposo, cambio de parecer y se fue. Si, me sentía completamente sola, como nunca en toda mi vida, en fin, a cualquiera le puede pasar ¿o no?

Pienso en ir a buscarla.

Pienso en quedarme en la cama y no ir al trabajo.

Pienso cuando te conocí, esa imagen, esa visión.

Pienso que la casa está demasiado silenciosa, extraña tu música.

Pienso… pienso… pienso.

¿Te acuerdas cuando no necesitábamos más que el cuerpo del otro para ser felices? Cuando las horas eran como agua corriendo entre nuestras manos, cuando la lluvia, la noche y tus palabras eran las combinación perfecta. Todo eso era antes de llegara una vida llena de ideales pensados y añorados con anterioridad, cuando éramos jóvenes y creíamos que seriamos felices haciendo lo que nos apasiona, con todo esos adornos de la vida, un trabajo, una casa, una familia.

Esta tarde, hablé con Paula, después de que dejó de llorar y gritarme como maniática, tomé mis cosas y me fui, deambulé por un parque, ¿Qué ibas a pensar de mi? Lo más seguro, que era un estúpido, y estabas en todo tu derecho, era eso y más. No tenía cara para verte, ni para pedirte que comenzáramos de nuevo, ¡sí! Remodelemos la casa, pintemos paredes, hagamos un habitación para una Julieta o un Gabriel, vayamos a tomar fotografías como antes, viajemos, perdámonos entre las sábanas como solíamos hacerlo cuando teníamos la juventud encima, deja que mis manos se reencuentren con tu cuerpo, y vuelva a ser su templo, déjame llenarte de historias fantásticas y de esos planes que nos robaban el aliento… mi Jessica, mi Jessica.

Los objetos me observaban, me hacían más pequeña, más vulnerable, sabían lo que pensaba y me alentaban, me orillaban a hacerlo. Esas cortinas corridas, esa luz apagada, ese maldito silencio que me dejaba ensordecida, todo ¡todo! Se había convertido en la versión de algo que nunca imagine, en la otra versión oscura de mi vida, ya no era lo que había planeado ser, ya no era tiempo de reiniciar, de sonreír lánguidamente y decir que nada pasa, que estoy bien, ya no. Abre la llave, deja que salga el agua tibia y se llene la tina, deja los zapatos y tus ropas a un lado, acomodados, no quieres que encuentren un desorden, no quieres que vean los platos sucios, ni la cama mal hecha, interna tu cuerpo en el agua, toma esa navaja, ahora sí, ya sabes lo que tienes que hacer.

Llamé varias veces a la puerta, lo bueno es que encontré la copia bajo la maceta y abrí tan pronto como pude, la emoción me corría por las venas, no estabas en la cocina, subí corriendo las escaleras como un jovencito agitado y deseoso, la luz del baño estaba encendida, siempre tomas la ducha a esta hora, no me importa nada, entro al baño, y solo veo esa agua escarlata que resaltaba con el blanco puro de las paredes, tus ojos abiertos, fijos y sin vida. Agua escarlata hasta tu cuello, agua escarlata cubriendo tu cuerpo. Te vas, pero esta vez, para siempre.

Todo paso, en uno de esos días…


Música de fondo: Placebo - Holocaust

me olvidé de la vida

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Me olvidé de la vida, después de ti, tanto así, que terminé con dos hijos y un esposo que me proveía de todo lo que necesitara.

Me olvidé de la vida, al momento de comprar una hermosa casa en zona residencial y tener dos autos del año en la cochera. En ese momento, estaba completamente segura de que mi vida se había quedado en algún lugar, se había extraviado en alguna parte del espacio o del universo. Sin embargo, sabía exactamente cuando había sucedido. Fue después de una serie de sucesos maravillosos, de miles de sorpresas, de sonrisas sin miedo, de una pasión que se desbordaba, de una locura que no se saciaba fácilmente, de música empapando al ambiente de calidez, de palabras que parecían guiones de película, de imágenes encapsuladas en el tiempo.

Creíamos ciegamente que sería eterno o que tal vez nosotros seríamos inmortales, de verdad que estábamos seguros de aquello. Hasta que cierto día, me di cuenta de que no era así, cuando tu corazón se durmió y no despertó jamás, aun cuando nos llenamos de eso que le dicen amor, aun así te fuiste.

Te guardaba en silencio, cada día y cada noche, cuidaba tu imagen para que no se la llevara el tiempo, me reconfortaba sentir tu presencia tan cerca de mí, atesoraba cada recuerdo, eran como chocolates que solo podía comer en ocasiones especiales, pero siempre en silencio.

Mi esposo, era solo eso, mi esposo. Después de que te fuiste, el llegó con esa propuesta atractiva de una vida ideal, el no fue el error, mucho menos mis hijos, el error fui yo, el error más grande de mi vida fue haberte dejado esa mañana en el hospital, las prisas, el tiempo.

-regresaré tan pronto como pueda… te lo prometo.- te dije, solo asentiste con una ligera sonrisa en tu rostro pálido y cansado. Salí corriendo, pero te mentí, huía de todo, huía de tu dolor, escapaba para que no me vieras llorar de nuevo, ya era demasiado para ti, y yo no podía ser fuerte y resistir, me convertí en una cobarde que simplemente huyó. Al regresar, tú ya estabas muy lejos de aquí, tu cuerpo reposaba, tan sereno, pero tan vacio, ya no eras tú, en ese momento yo también desaparecí, simplemente me olvidé de la vida.




Música de fondo: Coldplay – warning sign

la receta para extrañar

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Solo sabía que viajaba hacia el norte, siempre había tenido un gran sentido de la ubicación, así que no podía estar perdida, aunque todo pareciera darme vueltas, y aunque a veces en las noches, lloraba como una niña que necesita a su madre, ahí estaba, encerrada en el auto con los seguros puestos y los vidrios empañados por mi aliento solitario, tratando de no quedarme dormida por más de una hora, tratando de contar las luces de carretera que bailaban frente a mis ojos, que me contaban historias fugaces, de personas hastiadas de una vida llena de porquería y otras más llenas de aventura y adrenalina joven, de ese misterio y ese efecto sorpresa que solía sentir hace años atrás cuando lo conocí.
Sí, mi mente es de corto plazo para ciertas cosas que no me convienen, pero es duradera y fiel para recordar su rostro a la perfección, pero sobre todo esos ojos suspicaces que me hacían vacilar a mis decisiones, me hacían meterme en problemas, pero al final de cuentas me hacía dejar de creer en las casualidades que por alguna razón jugaban con nosotros, no podíamos perdernos por mucho tiempo, siempre terminábamos encontrándonos debajo de algún árbol o en su habitación a media noche, con más de un par de cervezas encima y uno que otro toque del porro del vecino en la fiesta.
Éramos esa explosión como lo menciono su madre en una tarde de explicaciones y disculpas, sí, eso éramos al fin de cuentas, siempre explotábamos, estallábamos en mil fragmentos de palabras que formaban toda una conversación nocturna. Extraño todo eso, extraño sus manos levantando mi blusa, yo resistiéndome, y el sonriendo por mi fingida firmeza, así era todo, simple, sin complicaciones en lo absoluto, sin planes complejos, sin ser tan futuristas, todo era una especie de unión empática, entendíamos el idioma, comprendíamos el enredo mental del otro y simplemente lo aceptábamos tal cual. Así era todo.
Pero hoy cuando pasé de largo y a gran velocidad aquellos cerros y ese sol que no dejaba de seguirme, me di cuenta de lo que estaba dejando atrás de mí, recordé la reacción y el impulso que traía su presencia a mi vida, era algo así como felicidad en una envoltura de dulce que se come rápido, pero se disfruta mucho. Eso vino a mi mente, como un relámpago solar, me encandiló y tuve que entrecerrar los ojos por el tremendo resplandor, no supe si fue porque apenas amanecía o por tu imagen luminosa.
Mire la guantera, la abrí mientras miraba el camino y metía la mano esculcando todo lo que estaba por ahí, y lo encontré, ese disco que nunca se quemo por tantas vueltas que dio. No lo pensé dos veces para cuando ya había empezado a sonar, y seguí avanzando, pero entre más camino era recorrido, más deseos tenía de regresar. Sin embargo, no retrocedí, la última vez que mire hacia atrás me convertí en piedra, una linda amatista que se quedo anhelado, tratando de probar algo que era mucho más grande que todo este cielo que me quería aplastar.
No huía, como muchos mencionaron, no escapaba, como algunos afirmaban entre cuchicheos de pasillos, no había muerto, como pocos creyeron, no lo había abandonado, como él lo pensó, solo quise tomar el auto y dejar de ver tus ojos, para extrañarlos de verdad.


Música de fondo: Silversun Pickups – Three seed

deja que me trague el mar

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Sus ojos se llenaron de un turquesa sofocador, se abrieron hacia aquel horizonte líquido que me invitaba a querer más, ha infiltrarme en las olas y ser abrazado por el espíritu violento del mar.

Las líneas eran ondas que oscilaban como música a mis oídos que no se cansaban de escuchar ese mismo vaivén que hipnotizaba. Nadie se daba cuenta de lo insignificantes que éramos junto a aquel monstruo azul, no éramos nada.

Hoy y todos los días solo existían las risas histéricas, la emoción que provocaba la adrenalina y el miedo que se disfrutaba, la muerte era solo una opción que no me importaba mucho.

Esta vez, cuando salga el sol y el primer rayo caiga sobre mis hombros, cuando tu espalada dorada se deje abrazar por la sal y por mis brazos ansiosos, será el momento de decir adiós, será el instante que precise mi final y defina mi destino para que se quede plasmado en los colores de la tarde y en el eco de la noche.

Porque tu voz me lo dijo alguna vez, me lo susurraste entre brisa y miradas, hoy es el día en el que tú serás el fin de mi viaje, hoy las fuerzas me empapan de valor, hoy las olas se elevan más que ayer, ellas saben que hoy es el día y me esperan, me retan, tratan de intimidarme con su coraje, con el grito estremecedor que se deja caer furioso, con la mirada temerosa de la gente, con las advertencias de la radio.

Regálame el color de tu alma, dame el último suspiro que enloquece a mis deseos, simplemente dime adiós desde la orilla, guarda la imagen de esta tarde que se desborda de inquietud y finalmente deja que el mar me conduzca sobre una y mil olas, para que me sienta grande e invencible, aunque sea por instantes que se deslizaran veloces, pero que para mi serán hermosamente eternos.

Deja que me trague el mar y me convierta en poesía…




Música de fondo: Radiohead - Nude